De rey del inframundo a emprendedor. Análisis del primer episodio de ‘Lucifer’

Lucifer, estrella matutina, abandona el infierno para abrir un bar en Los Angeles. El cielo no está contento con esta decisión y envía a un ángel, Amadiel, a que lo persuada de retomar su tarea divina. ¿Adónde van los demonios cuando su pastor no está para someterlos? Así anticipa, el ángel lo que puede ser la épica de la serie. Seres viles liberados del castigo eterno vuelven a rondar la tierra en lo que puede considerarse la antesala al apocalipsis.

Pero no. La serie va por otro lado, Lucifer en el breve tiempo que ha pasado entre mortales ha establecido vínculos afectivos y valores terrestres. ¿Qué puede importar la vida para alguien que conoce la inmortalidad del alma? Al diablo le importa. Recordemos que la serie es una adaptación del cómic homónimo, que a su vez es un spin off de Sandman de Neil Gaiman. En Sandman, los seres superiores (eternos) observaban lo mundano con admiración, constantemente recordaban el valor y la belleza de lo efímero, pero siempre con la precaución de no ahogarse en juicios éticos ni en parafernalias morales. Lamentablemente, en la serie de televisión Lucifer no puede superar la limitación del juicio humano. Sus motivos son indiscutiblemente morales, se permite un número finito de picardías pero está atrapado en la lógica ética del héroe (ni siquiera del antihéroe quien cuenta con un ámbito mayor de acción), la cual produce un efecto de castración, tanto en el hacer como en el desear.

Así es como desea el eunuco de Lucifer:

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Una escena patética que no termina de establecer ningún tipo de relación creíble. La ingenuidad que se le puede atribuir a alguien que es ajeno a los modos humanos no aplica al señor de la tinieblas, en especial cuando el poder que más presume es el de provocar la confesión de los deseos más profundos en todos aquellos que lo rodean.

El episodio piloto rápidamente marca el camino que seguirá la serie. Lucifer se vuelve un detective curioso y juguetón que colaborará con la agente de policía Chloe Dancer, un figura maternal y conservadora, que conducirá al protagonista a explorar la insulsa vida familiar cristiana, el elixir que promete la redención del demonio más audaz.

Tenemos que admitir que la idea de convertir al mismísimo satanás en un héroe no es del todo sencilla si se buscar hacer un producto serio y coherente.

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El cómic Lucifer, supo hacer de la historia del ángel caído un relato profundo y reflexivo. Pero todo eso se perdió en la adaptación. En el comic Lucifer abandona en infierno para abrir un bar en Los Ángeles, pero cuando el ángel cae a visitarlo no es solo para proferir amenazas e insultos, sino para contratarlo.

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Existen fuerzas en el mundo que perturban el orden natural de las cosas con el único fin de provocar el mal. Ninguno de los agentes de Dios puede interferir con estos poderes, por lo cual buscan a Lucifer. En su viaje, Estrella Matutina, afectará la vida de personas quienes evaluarán el propósito de sus vidas y la razones de sus actos. El rey del infierno se convierte entonces en ese personaje filosófico que representa el deseo profundo de las personas de una experiencia transformadora.

La serie reconoce su falta. Mazikeen, la barwoman que trabaja en el Lux (quien pasó de ser una demonio silente en el comic a una camarera ninfómana en la televisión), dice:

No abandoné el infierno para atender un bar. No deberíamos hacer algo importante.

El show ha dado ya sus primeros pasos, y como para muestra basta un botón, podemos esperar que eso tan importante que Lucifer tiene que hacer es mantener satisfecha a su audiencia, por lo cual estimamos que la estructura a la cual se ajustará la serie repasará los clichés de la década; protagonista con apatía hacia relaciones convencionales, compañera que mantiene viva las tradiciones, monstruo de la semana, el ser opuesto con el que se construye la relación reflexiva y necesaria, analogías con el infierno (el mundo del espectáculo, por ejemplo), etc.

La deuda es tratar de alejarse de lo mundano para adentrarse en la profundidad metafísica de los reinos míticos que dan sentido a la vida. Una deuda que no será saldada, pero que puede ofrecernos algo de valor que vaya paliando las expectativas: entretenimiento.

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Nos leemos.

 

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