Crónicas de ‘House of Cards’: Capítulo 1-3

Francis y Claire están de regreso el 2016 para continuar con el drama político de una de las tramas más virtuosas de la década. Cada escena de House of Cards es un evento, hay motores que se activan, agentes que operan e intereses puestos en juego. La temporada anterior, la tercera, mostró el verdadero rostro de la relación de los Underwood, un vínculo torcido de personajes viles y manipuladoras. Recapitulando lo que fue el último tramo del recorrido no podía sino sentir un gran malestar por aquello que me habían arrebatado, la seguridad de que ante todo la codicia y la soberbia ellos estaban unidos por un amor abyecto destinado a arrasar con todo lo que lo rodeaba.

Me sentí engañado, defraudado. Tan consciente fui de todas las mentiras que se desarrollaban de escena a escena que me pensé a salvo. Tantas veces Francis volteó el rostro para vernos, desde el minuto uno, me hizo creer que era su confidente, que estaríamos juntos todo el viaje, el sería mi guía por el ominoso mundo de lo político y yo sería un testigo honesta y desprejuiciado. Pero no fue nunca esa la intención de Francis, por el contrario, yo también fui su víctima.

Miro la cuarta temporada con austeridad y prudencia, conozco los artificios y las divergencias que conforman su arte, aún así, uno nunca sabe.

Pensé que podría esperar a terminar la serie antes de que escribir una review o una crítica, pero cambié de parecer cuando terminó el primer capítulo. Los primeros dos episodios de la cuarta temporada procuran la continuidad de lo anterior, es decir, mantiene la tensión que vimos entre Francis y Claire mientras ellos desarrollan las estrategias y planes que actuarán en favor de sus ambiciones. Claro, si recordamos las primeras temporadas el lazo que los ataba era excesivamente honesto, casi al borde de la malicia. Ellos se erguían como aliados en un mundo que estaba en su contra. Al final de la tercer temporada vimos como ese tipo de relación solo conduce a la violencia y al resentimiento, en especial cuando se practica sin bases comunes.

Me detuve al final del tercer episodio cautiva por la trama, el más seductor de los artificios. Me detuve porque me invadió un sensación nostálgica, de camino retomado, como si en algún las mentiras y las trampas los hubiesen desviado a los protagonistas solo para encontrarse de nuevo.

El tercer capítulo es el verdadero inicio de temporada. Sabemos bien lo que ambos desean, tenemos pistas de cómo pueden conseguirlo y de quienes serán los agentes que actuarán en su contra.

Sí, están de vuelta, o eso parece, ahora que lo escribo no estoy seguro, o me estarán engañando, qué miedo.

 

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