La crítica destrozó a Fuller House, el reboot a cargo de Netflix, y nosotros te contamos por qué

Se habló muchísimo del reboot de la famosa sitcom de finales-de-los-80-principios-de-los-90, Full House. Desde la renovación del elenco, hasta la polémica decisión de las gemelas Olsen de no participar, pasando la posibilidad de que Elizabeth Olsen  (la otra hermana Olsen) interpretará a Michelle Tanner.

Finalmente, después de todas las idas y venidas se estrenó la bendita serie y las repercusiones a nivel crítica no fueron buenas. Con un total de 13 capítulos de 25 minutos cada uno, esta serie puede ser vista en uno o dos días de furia televisiva (binge watch como le dicen hoy en día). Si bien se ve rápido, esta serie se pone predecible y muy densa al tercer capítulo. La verdad es que con esta serie, Netflix nos vendió un poco gato por liebre. Si bien es cierto que se dijo que los protagonistas masculinos de la original Full House iban a ser artistas invitados y no iban a aparecer en todos los capítulos, la realidad es que estos personajes puntuales son los que mantienen la serie a flote (particularmente John Stamos que aparece en más capítulos que el resto del elenco masculino original). La producción puso estratégicamente una aparición de alguno de los personajes masculinos cada uno o dos capítulos, sospechamos, para hacer un poco más llevadera la serie, y también para cumplir con la prometida reunión.

Entre todas las críticas que hemos recopilado, algunos puntos se repiten y hacen visibles en la mayoría de las mismas, entre ellas podemos destacar:

1. Uso y abuso de remates de Full House

A la hora de ver refritos hechos por fanáticos usuarios de Youtube, los remates o “punch lines” de cada personaje se hacen divertidos y casi indispensables, creando un efecto de familiaridad que nos transporta al momento en el que vimos la original, pero en Fuller House este recurso se hace sumamente repetitivo. Pareciera que los personajes que Full House no evolucionaron en lo absoluto y siguen actuando y diciendo las mismas giladas que en año ’87. Una multiplicidad de guiños constantes al público aveces más acertados (como en el piloto, cuando se hace alusión a la ausencia de Michelle quien, oh casualidad, maneja un imperio de la moda en Nueva York -palo para las Olsen-) y otras veces simplemente innecesarios (como las constantes alusiones al pollo frito y a las conversaciones con malentendidos en el medio).

2. Actuaciones ridículamente exageradas

Dos personajes se destacan por su casi insufrible sobre actuación: Andrea Barber en el personaje de Kimmy, la simpática y confianzuda vecina que se pasa el tiempo en la casa de los Tanner, y su marido Fernando, interpretado por el argentino Juan Pablo Di Pace, quien actúa con uno de los acentos más exagerados e insoportables que ha visto la televisión. Por su parte Barber aparentemente ha decidido que la mejor forma de interpretar a un personaje que creció de los 15 a los 30 y pico de años, es mantenerlo exactamente igual. Literalmente desde el vestuario, el vocabulario ochentoso, actitudes, remates, este personaje es una oda al Full House original. Actitud que se vuelve realmente molesta al segundo o tercer capítulo. Por otro lado la nueva incorporación: Fernando, es interpretado por Di Pace, con una de las decisiones actorales más pobres de toda la serie. Fernando es un argentino casado con Kimmy, quien encarna todos los estereotipos latinos conocidos: seductor, pésimo acento, infiel, buen bailarín, cantante romántico. Estos dos personajes, y las tramas que van desarrollando hacen que esta serie parezca más bien una producción de Disney, por lo ingenua y encajonada en las cuestiones actorales y argumentales. 

3. Es una producción decepcionante para los estándares de Netflix

Si hay algo que esperamos de Netflix es calidad. La página de streaming nos ha traído series que sabemos se convertirán en clásicos, no solo por lo impecable de su producción, sino también por lo originales, bien escritas y principalmente bien actuadas. En este caso Fuller House parece más bien una producción de Nickelodeon, o ABC Family. En los estándares innovadores que posee Netflix realmente se queda corta.

4. En más de una ocasión transmite valores sumamente machistas

Los personajes femeninos en Fuller House resultan casi siempre definidos por un solo aspecto: la madre, la sensual y alocada, la imprudente y aniñada. Sin embargo los pocos momentos de sexualización de por ejemplo en personaje principal DJ Tanner, siempre son otorgados por personajes masculinos, y de forma bastante burda (en un capítulo Tanner se confunde un plomero con una cita a ciegas, lo que desencadena toda una conversación de doble sentido). Lejos de volver a la madre soltera una figura de poder, Fuller House hace de su protagonista una víctima de su trágico destino.

5. Trata demasiado de complacer a su público de 20 años atrás y olvida a su público actual

Para una persona que no fue fanática de Full House en el momento de su emisión, Fuller House es aburridísima. No va a comprender la mitad de los chistes, ni a muchos de los personajes y la serie de la que tanto se habló va a ser simplemente decepcionante. Esto es porque la producción de esta serie se quedó en el pasado, así como sus personajes, Fuller House es igualmente obsoleta.

 

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