Interpretación y perplejidades. Crítica a ‘Anomalisa’

Otra vez, las relaciones humanas son vínculos metafísicos y no simples organizaciones del azar, otra vez, Charlie Kaufman, nos propone una una visión profunda e incómoda de una experiencia única que se siente muy familiar a pesar de la ruptura realista de la marioneta, o es tal vez, por la marioneta que siento el mundo de Anomalisa muy cercano al mío.

Michael Stone padece una condición psicológica bastante macabra que vuelve homogéneo todo su alrededor, nadie es especial, por el contrario, son parte de una torcida monotonía que lo oprime en una desesperación laberíntica, es una náufrago en una ciudad sin más habitantes que un otro. Un otro, que es muchos y al mismo tiempo uno solo, uno que no seduce,  uno que es castrador y posesivo, está obsesionado, y esa obsesión es la base misma de la sociedad, es una normalidad abyecta.

La anomalía es una mujer, una sola, Lisa, Anomalisa, no hay más distracciones que ella. Emerge, como la salvación y el futuro, pero su efecto reconfortante se evapora velozmente, puesto que el mismo protagonista, Michael, es también un sujeto perverso y enfermizo con sus propias obsesiones. Michael posee este síndrome posmoderno, la angustia de sentir que no se está viviendo como debería, se aferra por ello a pequeñas anomalías, singularidades insignificantes como Lisa, puesto que estas lo anclan al presente y le permiten vivir el ahora, now.

Las voces, como emanación, son un estímulo cargado de sentido en este film. Es a través de la voz como inyección psicológica que las personas se encuentran en su forma más verdadera e inmediata. Es por eso que el canto se eleva como la forma más sublime de la experiencia, para luego resignificar un signo viejo que parecía estropeado. La música, regresa de nuevo, para mostrarnos cómo las fantasías se concretan de manera rudimentaria.

La propuesta estética, la animación, aporta un sesgo y un ritmo cortado que empapa de incomodidad el movimiento de los cuerpos. El realismo, es extremo por momentos, pero rápidamente lo corta con la evidencia de la técnica, y el saber, consciente y subconsciente, de los personajes que se saben máquinas, marionetas programadas por agentes externos que definen sus destinos, siendo esto al mismo tiempo lo que se siente tan real en la película.

A Anomalisa le falta escala, le falta ambición, no en la búsqueda interior ni en el concepto, sino en el tiempo. Las escenas constantemente demandan más longitud, los personajes quieren explayarse, mostrarse mucho más. Todo se vive con mucha reserva, hay un algo que puede expresarse con más claridad y abundancia pero necesita tiempo. La conferencia que da Michael, es una respuesta a esto, una serie apresurada de aforismos que busca condensar todo aquello tiene ganas de decir pero no puede.

Por último, el régimen del puntaje necesita notas y comentarios, no es tan sencillo ni justo valerse de tan pocos números, pero a fin de recomendar una obra funciona. Por eso, que una obra tenga 10 ni significa que sea perfecta, sino que es altamente recomendada, es el interés del crítico transmitir que la película tiene valor y de alguna manera es esencial para el entendimiento de la mundano y de lo trascendente.

Puntaje: 10

 

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