El pasado no ha terminado contigo, crítica a El Regalo

El regalo (2015)

“The Gift”

Las cosas malas pueden ser un regalo, pero un regalo también puede ser una maldición. El primer film dirigido por Joel Edgerton se zambulle en esta terrible y universal lógica cuando un esposo considerado, Simon (Jason Bateman), se encuentra con un excompañero de la escuela, Gordo (Joel Edgerton), quien con una insistencia perturbadora empieza a hacerles regalos a él y a su esposa Robyn (Rebeca Hall).

Los regalos son fenómenos complejos puesto que establecen un vínculo entre el que da y el que recibe. En aquel que da se genera la ansiedad de la retribución mientras en el que recibe se genera una responsabilidad, la de responder a ese regalo. Marcel Mauss estableció esto como la única verdadera ley social. Cuando Gordo comienza a interferir en la vida de Simon y Robyn lo hace buscando retribución de Simon, pero no es este quien acepta el regalo sino Robyn. En ella recae la carga de la respuesta, ella acepta el regalo por los dos y buscará saldar la deuda con Gordo. Simon no, Simon niega el obsequio, niega la deuda y niega a Gordo. En definitiva, ningún personaje obtiene lo que necesita; Gordo no es retribuido, Robyn no salda su deuda y Simon adquirió la responsabilidad a través de su mujer, y si bien no la reconoce, no puede librarse de ella.

¿Qué es lo que provoca que todas las relaciones queden truncas? Pues, los regalos tienen otra dimensión, una anterior, y es el motivo. Gordo se empeña en establecer un vínculo de mutua consideración, “te doy y vos dame algo a cambio”. Simon no está dispuesto a dar nada, ni un presente, ni una disculpa, ni un símbolo. Es esta ausencia absoluta de compasión, la que pone en evidencia al personaje, y cómo lo que uno es se encuentra menos en el futuro que en el pasado es que el film se convierte en la expiación indecorosa de la culpa y empuja a Robyn a descubrir el lazo oculto que ata a estos dos hombres.

En El Regalo el drama está a la altura de la atmósfera. Cada toma se vive como un infierno, el suspenso es extendido hacia su forma más aguda, tanto es así, que pequeñas interrupciones lo rompen, como por ejemplo el sonido de una cinta Scotch. La película recuerda en los planos detalles al cine de Lynch, donde todo se ve punzante y peligroso. Aquí el peligro está puesto en todo lo que está fuera de campo, una puerta que se abre, pasos, goteos, ventanas. Una presencia acosadora y acusadora que persiste como un rumor. Nadie busca descubrir quien está allí, que fue ese ruido, sólo se respira hondo y se ignora, se olvida, hasta que regresa a destruir la fantasía en la cual los personajes construyeron sus vidas.

La opera prima de Joel Edgerton es una historia de suspenso psicológico que puja por convertirse en el referente a la tragedia contemporánea experimentando con una incomodidad social expresada en la paradójica materialidad del obsequio.

9/10: Un film que hará historia, un final que te acompañará por varias noches.

Comments

comments