Crítica a la segunda temporada de ‘Daredevil’

La temporada debut de Daredevil fue una de las grandes sorpresas del 2015. La serie de televisión del diablo de “la cocina del infierno” estableció una distancia inmediata con la experiencia cinematográfica realizada hace más de una década. La acción está situada en los callejones y en los techos de New York, es burda y terrenal. No persigue una forma poética, no se detiene en la percepción singular de Matt Murdock, por el contrario, se detiene en cuestiones humanas, las desarrolla, encuentra flancos emocionales sobre los cuales erguir la historia.

La segunda temporada continúa este camino, si bien se permite ahonda más en la mística del personaje y en situaciones fantásticas lo hace desde planteos éticos sensibles. Este es el gran mérito de la serie, actualiza viejas cuestiones morales, y lo hace explorando la profundidad psicológica de cada personaje. Como sabemos esta nueva temporada presenta personajes nuevos. El más destacado es sin duda Frank Castle AKA The Punisher. Un mercenario con una vendetta personal en contra del crimen organizado. Es interesante ver como estos personajes se desarrollan primero desde el mito y la superstición. Comienzan con un pequeño rumor, “era un ejercito”, pero luego vamos tomando conciencia de la integridad del personaje y sabemos que tiene sus propios conflictos y métodos. Pasar del imaginario colectivo a la persona específica, con rasgos e historia, crea una atmósfera de verosimilitud incluso en las secuencias más extrañas. Los héroes y los villanos son creíbles porque son puestos en duda en la misma serie. Esta ambiguedad es la que crea agentes complejos capaces de llevar una trama rica en maticez.

En términos generales, esta nueva temporada se siente como un paso en la dirección correcta. La trama aun no ha alcanzado un pico de tensión que signifique una prueba suprema, tampoco se ha gestado un gran evento, aparecen cosas conflictivas y se lidia con ellas.

Una observación menos favorable podemos realizar sobre el espacio, se siente muy contenido, por momentos pareciera que todo sucede en apenas un par de cuadras cuando en realidad se busca retratar a toda la ciudad de New York. Los personajes, si bien son empáticos e interesantes tampoco colaboran en la tarea de expandir el espacio, por el contrario, intiman demasiado y no abren el juego a otros agentes.

Puntaje: 8

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