Canción de hielo y fuego. Crítica a ‘Hunger Games: Mockingjay Part 2’

Y así termina una saga de películas muy sinuosas, con momentos álgidos y clichés abominables. La impresión inmediata es la de un film emocionante que concluye el relato de un mundo del que ya no queremos saber nada más.

Hunger Games: Mockingjay Part 2 retoma el final de la épica de Katniss Everdeen en contra del Capitolio. Si bien su heroicidad la conduce siempre a la vanguardia de la guerra en representación de los ideales honorables de la rebelión, ella sólo sigue siendo esa adolescente enojada que siempre tiene la razón. La batalla final se organiza en torno a la aventura de la protagonista, quién nunca está en verdadero peligro. La empatía del espectador poco está con ella, se encuentra en los personajes que la acompañan; en ese inservible grupo scout que se enfrenta a la milicia en un campo de batalla.

Es triste ver como el triángulo amoroso entre Katniss, Peeta y Gale se esfuerza por conmover a una audiencia agobiada por el espectáculo de monstruos y lanzallamas. Los sentimientos agonizan en esta última entrega donde los corazones están curtidos por la ajetreos y los verdaderos hilos que tensan las relaciones se vuelven evidentes. Todo es político; el hambre, la muerte, las pantallas, el miedo, el amor, todo; no es más que manipulaciones políticas. El conflicto demorado del film es entonces la administración de esta energía no política: Katniss Everdeen lo único que quiere es sobrevivir.

Si bien lo espectacular es parte de la estética del entretenimiento, ni las trampas extravagantes ni las explosiones nos conmueven si nos vemos a los protagonistas padecerlas de una forma humana. Una apatía tóxica rodea a los personajes quienes ya no se dejan conducir por sus sentimientos.  La confianza ha divagado mucho en los Hunger Games, “no sé si querés matarme o sos mi aliado”, la expresión del control ejercido por el régimen yacía en temerle a aquel que era tu vecino. En Mockingjay Part 2 eso ya no importa, los personajes están cansados de este juego, cansados de las batallas y de los discursos. Se siente un letargo muy familiar a lo largo de todo el film el cual sólo es interrumpido por lo político, lo cual siempre encontrará una forma de sorprendernos.

El estado es el enemigo, las regulaciones del estado interfieren en todos los aspectos de la vida. Se expresa a través de ciertos mecanismos mortíferos que funcionan como laberintos burocráticos. El acceso es dificultoso, claro, pero no es mortal. Katniss no pareciera estar en peligro en ningún momento, las cámaras constantemente la pierden de vista, ella actúa de forma clandestina porque el sistema en sí es deficiente. La deficiencia define lo burocrático, lo cual es el instrumento de control más aberrante de los gobiernos, puesto que no tiene más objetivo que alejar a las personas de aquello que es legítimamente suyo.

Molestas bastante encontrarse con una rebelión bien equipada cuando el problema de los distritos siempre fue la obtención de recursos. El hambre no es un eje central a la saga, no hay carencia, pareciera como si este siempre hubiese sido una cuestión de propaganda. ¿Cuál es el problema de esto? Se olvida. Nadie recuerda las condiciones de indigencia en las que se vivía, ahora que el foco del conflicto se ha movilizado hacia el combate, la preocupación de los recursos es un estorbo.

Katniss es un agente libre. No se rige por el control de ninguno de los dos bandos. Se expresa en favor de la rebelión y en contra de la regulación, pero desde un lugar de ímpetu. Su deber es guevarista, “hacer la revolución”. No se detiene, no negocia, no considera, toma acción. Su agenda es menos democrática que liberal, y al final, lo único es oponerse a la mismísima idea de la representación política.

En fin, el círculo se cierra con una premisa violenta y atractiva. Las interpretaciones quedan relegadas a una trama basada en el campo de guerra, los actores no se lucen, ni física ni dramáticamente. Se destaca el “juego de tronos” como una serie de intrigas que mantienen la atención del espectador en la trama. El final, con su vaguedad y simplismo, sorprende de una manera grata.

Puntaje: 7. La menor de la saga, un tercer acto irónico que deja una clara sensación de cierre.

 

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