Algo hermoso. Critica a ‘En la cuerda floja’

Lo más importante de cualquier historia, aquello que hace que conmueva al público, que persista en la memoria de la audiencia y se destaque en la crítica, aquello que cuando emerge no puede ser negado es la autenticidad. Con En la cuerda floja (The Walk) tenemos justamente eso. Una película que nos conquista desde una lugar muy delicado, recordándonos que en algún momento de nuestras vidas realmente creímos en ese idealismo romántico de pensar que el mundo es lugar hermoso y el arte es parte de la vida.

En 1974 Philippe Petit (Joseph Gordon-Levitt)elabora un plan para cruzar las torres gemelas en la cuerda floja. Lo hace porque piensa que es algo bello, tan bello que arriesgará su vida para lograrlo. El gran mérito de Robert Zemeckis es convencernos de que lo que está haciendo Petit vale la pena. Y no lo digo desde una postura funcional-estructuralista-bourdieuana donde sólo tiene valor para aquellos que entienden el arte, que tienen algún capital invertido en ese campo. No. Lo digo desde una lugar más anterior, más humanos, donde podemos encontrarnos con ciertos fenómenos desde el asombro. Antes de que alguien dijera que la caminata fue una obra de arte, ya nos había conmovida la inmensidad de la propuesta, ya habíamos temido ante el vacío, ya habíamos percibido la locura.

¡Ahora! un momento de apreciación filosófico-literaria determinado a iluminar la travesía artística de The Walk.

Podemos perdonar a un hombre el haber hecho una cosa útil, en tanto que no la admire. La única disculpa de haber hecho una cosa inútil es admirarla intensamente.

Sí, ese fue Oscar Wilde y su avezado sentido de la ironía. En una apreciación veloz pareciera que condena a los artistas a no realizar ningún aporte significativo al mundo, al solo ser y ser bellos, y ser dignos de ser admirados. Pero hay tantos sentimientos evocados en la admiración, no es solo observar, es prestarle el cuerpo al suceso, mantenerlo quieto, expectante. ¿Qué pasa si Petit se cae? ¿Acaso no saldríamos corriendo en busca de ayuda?

The Walk nos muestra la fuerza vital que existe detrás de la obra artística. Petit no sube a las torres por narcisismo o por una intención suicida. Lo hace porque fuera de esto la vida no tiene propósito. El hecho de que pueda reclutar a personas para acompañarlo en esta travesía da cuenta de que realmente hay algo que tiene mucho poder detrás del arte, que atrapa que seduce. Los amigos de Petit están seducidos por la poética que evoca la caminata en la cuerda floja, puesto que si la performance es realizada, es exitosa, la vida no es una serie de frustraciones vacías. La recompensa es darse cuenta de que aquello que se lleva a cabo es realmente trascendente, es entonces que aquello que en primer lugar era un coqueteo con la muerte termina siendo lo opuesto. Se materializa un hecho inmortal que trasciende a las personas.

Esta caminata es quizás la obra artística del siglo veinte. Es desafiante, es ilegal, es arriesgada, pero es también inmediatamente seductora. Mientras está sucediendo es evidente que importa, que no es una locura, por el contrario un momento absoluto de claridad donde la vida tiene sentido. Por supuesto, ese sentido es esquivo y requiere que pongamos todo lo que somos antes de manifestarse. The walk es justamente sobre eso, sobre el coste.

Ahora bien, que es aquello que Zemeckis aporta a la historia de Petit. En el 2008 se estrenó el documental Man On Wire, el cual contaba la historia de la famosa caminata. Pero si la historia fue contada tan recientemente, ¿qué es aquello que hace que queramos vivirla de nuevo? Todo está en el tratamiento de la historia, un exceso de estilo por parte del realizador que nos deja de cara ante una visión poética absolutamente genuina. Los primeros planos que nos interpelan construyen un canal cálido de narración. El paso del blanco y negro al color también encuentra su fuerza en la visión del mundo, de la realidad a la fantasía, donde la fantasía es, de hecho, un suceso histórico. El género no es más que un juego, de un drama histórico pasamos a una comedia y de una comedia a un film de suspenso, todo sin alienación, sin perturbar la empatía. Es la costura de esta aventura extravagante que la vuelve una experiencia asombrosa.

Puntaje: 9/10

 

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